¡Debería haber más marcas ahí!

Yo lo supe, tenía la mirada perdida, furiosa, como la abuela cuando le desafinaba la guitarra intencionalmente y  ya no podía cantarnos, sentados todos en las mecedoras del patio. El mouse quedó roto debajo de la mesa del comedor. Nadie tuvo interés en recogerlo. Tal vez lo mejor hubiera sido callar. Las palabras hirientes siempre salen en los momentos menos apropiados, ya lo me decía mi terapeuta Sarah, "Nunca saques heridas del pasado en momentos presentes" pero sigo sin hacerle caso, a ella, y a todo el que se me cruce encima. El objeto de la discordia ni siquiera era Microsoft era marca Steren. Ella lo inició todo, tampoco es culpa del mouse, que sí, estaba divino. "Te vi claramente. Te vi.".  "¿Me viste qué?"  "¡Te vi que coqueteabas con ella! ¡En mi cara!". 

Una escena de celos más. La escena de celos del miércoles que duraba hasta el jueves y se terminaba el viernes, cuando nos metíamos a la cama con la intención de aclarar las cosas.  Y sabemos, (¿deberíamos saberlo?) que en la cama no se aclara nada, es una anestésico que permite olvidar de momento lo que probablemente seguiremos discutiendo la semana entrante.  Y les juro que yo no hice nada ésta vez. Fue la chica esa, -y fue muy cínica-. Vanessa y yo llegamos a Steren a cambiar el mouse de Bloothu, por uno normal y de paso comprar un identificador de llamadas. El que tanto le urgía comprar. "Llaman y cuelgan muy seguido" era su insistencia. No le hacía caso, yo sí sabía quien era y hasta me resultaba halagador.  A veces llamaba cuando Vanessa dormía. Ella duerme temprano, para las doce ya no la cuentan. El teléfono sonaba a las tres, justo cuando comenzaba a irme a la cama, con ella. Y 'la silenciosa' llamaba a esa hora, porque yo le había contado mis rutinas. 

Al contestar el teléfono, contrario a su voz, escuchaba una canción que me hacía saber su estado de ánimo . Una noche sonó Thalía, con "Un pacto entre los dos". Aquella vez dejó sonar media canción y colgó. Hubiera deseado escuchar al menos la canción completa pero no lo permitió. Anda de coraje, pensé. Pues yo creía que nuestras llamadas y canciones desalmadas quedaban entre nosotras, pero no caía en la cuenta que Vanessa no era indiferente al sonido del teléfono a las tres de la mañana. Y hoy en Steren tuvimos la suerte de que nos atendiera una dyke (chica lesbiana) con la que compartí algunas miradas insinuosas en búsqueda siempre, aclaro, en búsqueda siempre de el mejor equipo, pero eso Vanessa lo tomó como coqueteo -sin fundamentos-. "Ay, por favor, no me veas la cara de idiota, nada más hay una marca en la tienda,  Cassandra. La marca es Steren". Así de una manera frívola, condenatoria.  "Discúlpame, conocedora de contestadoras" le contesté, ya en coche, con un portazo. 

La pelea como efecto dominó se prolongó hasta la hora de la cena. "Y ahora que lo pienso desde que fuiste a comprar ese chingado mouse que, por cierto, no te sirvió para nada, estás que te mueres por ir a Steren". Vanessa sacaba sus peores argumentos. El puré de papá me supo mal. "Sólo quería devolver el mouse pero luego a tí te entró la idea de la contestadora" cuando le dije eso la señalé con el dedo. Supuse que era una táctica hiriente, eso me lo había dicho Sarah en una sesión.  "¡Siempre tengo que tragarme tus malditas mentiras!" gritó otra vez, decidí irme a la cocina (es que no me aguantaba la risa). Ahí fue cuando escuché el estruendo fatal, había tomado el mouse nuevo de la mesa y lo había tirado al piso, pisoténadolo. Después se fue toda histérica a la recamara. Esperé a que se durmiera, con la angustia de que a la silenciosa no se le ocurriera marcar esta noche.